Reflexiones

Lo mejor del viaje es compartir

A menudo tengo una extraña sensación cuando pienso que estamos solas. Es un sentimiento agridulce. Me siento afortunada por poder compartir tantos momentos con mi hija. Son experiencias que, casi siempre, son solamente mías y suyas. Es un privilegio poder construir lo que estamos construyendo. Es algo tan fuerte que no sabía que era capaz de hacerlo. Pero, al mismo tiempo, siento una especie de vértigo. Un exceso de responsabilidad. Por lo que el sentimiento es doble, aunque la experiencia es siempre positiva.

Este sentimiento está más presente los fines de semana que pasamos juntas y en los que salimos de Barcelona, mano a mano. Nos encanta salir, descubrir nuevos lugares, ir de excursión, jugar, pasear por la orilla del mar, leer, dibujar… Y, a la vez, escapar a nuestras rutinas y obligaciones, salir de nuestra zona de confort, evidencia más esta sensación.

Soledad y compartir

Estar solo no es malo. Estar solo y sentirse mal por ello, sí lo es. Yo, tengo la suerte de tener al lado a mi personita favorita del mundo mundial. Y de estar aprendiendo constantemente de ella. Cada día, la conozco un poco más, y veo su evolución, sus reflexiones… No podría ser más afortunada.

Esta maternidad en soledad no era lo que había previsto pero está siendo fantástica, compartiéndola con la persona que me enseña todo: mi hija.

Mi conclusión es que, a veces, compartir y soledad no son términos antagónicos. Y que pueden funcionar bien juntos. A mi me ha tocado vivir esta maternidad. Y la vamos a disfrutar. Juntas. Lo mejor del viaje es compartir.

P.d. En las fotos aparece el Mazda CX5, que Mazda nos dejó probar hace unos días. ¡Es lo más!

 

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