Inspiración Maternidad y Crianza

Cuestión de ritmo

Soy una persona impaciente. Hasta hace poco no entendía, o no había tomado conciencia de lo que es el ritmo. Y en consecuencia no distinguía mi propio ritmo del ritmo de los demás. Y teniendo en cuenta que mi ritmo era muy rápido (trabajo, familia, conciliar sola, ya me entendéis), me ponía muy nerviosa la gente lenta. Yo medía cada cosa en términos de productividad y efectividad. Si algo no es rentable, no lo hago. Si una tarea no es productiva ni la tomo en consideración. Eso, inevitablemente, me ha llevado a trabajar sola. En casa, a mi ritmo.

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Mi ritmo, tu ritmo

Pero últimamente (y es especial estos días de pausa y vacaciones), he empezado a darme cuenta de que mi ritmo no es necesariamente el mismo que el de los demás. Y que, además, no es mejor ni peor, sino que cada persona tiene el suyo. Y que todos son igual de válidos. De hecho, si nos paramos a pensar, todo está medido por ritmos. Todo avanza y retrocede, como un péndulo, como las olas del mar.

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Dejar fluir

Y esto es algo físico, pero también emocional. Nuestro humor cambia en un momento, o en una semana, pero no es algo estático. De la misma forma que cambian los que nos rodean: nuestros hijos, nuestros padres, nuestras parejas… Nada es permanente. Y, parece una obviedad, pero no lo es tanto si pensamos que tener claro todo esto nos permitirá: en primer lugar ser conscientes de nuestras propias limitaciones y cualidades, y en segundo lugar, pero no menos importante, respetar a los demás para una convivencia más feliz.

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Estos días, observando a mi hija, y viéndola tan mayor, tan diferente, tan persona, he entendido que ella también tiene su propio ritmo. Y al verla, se me ha ensanchado el corazón, lleno de emoción y de orgullo de madre. Me he sentido muy afortunada de poder acompañarla, de ir conociéndola y de poder enseñarle lo que es el respeto y la individualidad de cada uno.

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Y poder compartir, este camino que nos ha tocado recorrer juntas. De momento, yo la acompaño, la observo y me preparo para apartarme cuando ella así lo necesite, cuando su ritmo así lo requiera. 

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Lo que no podemos cambiar

Es cierto que hay muchas cosas que no podemos cambiar. No está en nuestra mano elegir la entrega de un proyecto, o la hora de entrada y salida en nuestros trabajos. Tampoco podemos decidir muchas cosas que tienen que ver con nuestros hijos. A mi a menudo se me solapa el trabajo con preparar la merienda de Lucía. Y ahí empiezan los malabarismos. No creo que vayan a desaparecer. Y todas las que sois madres, sabréis a qué me refiero. Parece que hagamos mil cosas a la vez. Trabajamos, educamos, conciliamos en la medida de lo posible. Y aún así, sobrevivimos.

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Lo que sí podemos cambiar

Pero, en esa vorágine de acontecimientos, hay algo que sí podemos cambiar. Se trata de nuestra actitud frente a lo que nos ocurre o a lo que tenemos que hacer. Creemos que somos indispensables, y que despreocuparnos es sinónimo de que no nos importan las cosas. Pero no es así.  De hecho, es más bien al contrario. Relajarnos y pararnos, nos permite ser más felices y tomar conciencia de nuestras vidas. Y es esa conciencia lo que nos permitirá tomar un papel activo frente a nuestros problemas. Ya está bien de apagar fuegos, de salir del paso, de correr esa carrera de obstáculos. Elijamos nuestras batallas, prioricemos y seamos dueños de nuestras vidas.

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Enfin, estas han sido mis reflexiones estos días de desconexión y de vida tranquila en familia. Espero que os sirvan, como mínimo a ser un poquito más conscientes de todo lo que nos rodea y de nuestro papel frente a ello. Os dejo, como siempre, algunas fotos que hice en uno de esos momentos de reflexión. ¡Feliz semana!

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2 Comentarios

  • Reply
    Veronica
    11 Abril, 2015 at 22:09

    Hablas de mindfulness, de ser consciente del presente, y eso que llamas fluir es tan complicado cuando llevas la vida haciendo lo contrario… en ello estoy yo tambien. Me ha encantado tu post. Yo tambien voy a la playa con mi hija, es un lugar que me inspira tranquilidad y a la vez me da energia, y ella disfruta tannnnnto. Nos mojamos los pies, ella hace bolas de arena, yo la miro y la disfruto. Y el tiempo fluye.

  • Reply
    Saladita
    12 Abril, 2015 at 19:52

    Yo siempre me consideré una persona impaciente hasta que tuve a Basmati. desde entonces sé que tengo el nivel de paciencia muy por encima de la mayoría y menos mal!

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